[KATHE, LA EXTRAÑA QUE EXTRAÑO DEMASIADO]

Parecía un día normal, de esos domingos que estresan y sólo dan ganas de estar acostado. Pero me equivoqué.
Cuando empecé el día anhelaba algo diferente y pasó que instalé una de esas aplicaciones para chatear con gente de cualquier lugar.  Un chat que aleatoriamente te sincroniza con otra persona de tu edad aproximadamente.

Cuando entré nadie me respondía, el chiste en esos chats es que seas mujer y así te llueven los mensajes. Pero como soy varón les valía nada, porque hay tantos… que las mujeres rechazan chicos por montones sin tan siquiera dar la oportunidad para conocerlos.

Ya iban como diez intentos fallidos con chicas.
—Un intento más y me voy a la verga— me dije, porque ya estaba harto de esas desesperadas ventanitas con perfiles que tenían una máscara de carnaval simulando el anonimato. 
Pasó que una chica me respondió, y yo estaba con cara de “¿qué verga?”. Bueno, no tardé más de cinco segundos en responderle. Fue genial, sentía el carisma; era nueva, igual que yo. Eso me gustaba, me gustaba que sea tan inocente. Ella tenía 17 años, yo tengo 20. —tranquilos, tres años no es mucho—.

Era de Colombia, yo soy de Ecuador. Al menos en los primeros cinco minutos de conocernos ya teníamos algo en común; sí, los colores de nuestra bandera. De eso nos reímos un montón, es que cuando estás con alguien que te cae bien te ríes de cualquier pendejada aunque no sea graciosa, y eso lo saben bien.

Luego supe que se llama Katherine, ya que en su nickname tenía algo como: Kat423. Me encantó ese nombre, jamás se me había hecho tan bonito. Después de hablar por varias horas, me dijo que quería conocerme. Yo no soy tan bueno dando descripciones físicas de mí, así que le prometí enviarle fotos, pero no se podía en ese momento porque el mecanismo de ese chat es: en medida que hables mucho con la gente puedes desbloquear su perfil y enviar fotos y demás. Entonces no se nos desbloqueaba, y eso que hablamos bastante; así que nos pusimos a enviar mensajes tecleando cualquier letra, a la final funcionó y ya le estaba debiendo la foto. Se la envié. —Total, si me veía feo o simpático…, sé que le había caído bien por lo que hablamos (al menos eso pensé) —. 
—Me encantó, me gusta mucho tus ojos y tu cabello. —Me dijo ella—.
Yo no sabía que responder a eso, sólo sabía que debía pedir una foto a cambio. Y me la envió. Me envió una con el filtro del perro, pero pues omití eso con mi mente y se veía fascinante; es que no me ha pasado que he visto una chica con tanta intensidad. Hubieran visto sus pestañas, sus ojos, sus labios… su cabello. Por un momento pensé que era falsa.

Al rato me preguntó que qué me gustaba de las chicas físicamente, yo le comenté que la mirada —sobre todo— y también las uñas —eso es tan singular; amo las uñas—. Y adivinen ¿quién me mostró sus uñas? Sí, Katherine, y qué sorpresa me llevé. Es que en serio, no lo podía creer, tenía unas uñas hermosas, las mejores que he visto en mi puta vida. La tenia largas, debieron tener cuatro centímetros cada una y estaban muy bien cuidadas. Me gustan pintadas, pero era un caso excepcional. Me había enamorado de sus manos de niña que no hace nada en casa. Alucinante, me envolvió demasiado, pensar en ella. Le pedí otra foto y esta vez no tenía ningún filtro, estaba con su mejor amiga —su amiga era fea, tal vez eso la hacía ver mucho más hermosa a Kathe—.
Fui almorzar, acabé rápido para seguir hablando con ella, puesto que me estaba esperando para seguir con nuestra plática, hablábamos sobre nosotros, sobre qué nos gustaría ser en la vida, y demás pendejadas triviales. Dijo que no había profundizado tantos temas con alguien —me sentí único—, y le dije que yo igual… No había conocido chica igual a ella. ¡Estaba tan pero tán emocionado! 
Por la tarde me dejó un rato. Supuestamente yo debía avanzar con la lectura de un libro de Hermann Hesse. Pero no fue así, sólo pensé en ella… imaginaba su voz. Estaba ahí tendido en la cama imaginándola como el prototipo de chica que me gustaría tener. Alucinaba. Ella. Ella, estaba en mi mente y yo me había vuelto loco por Kathe. Sé que suena bien imbécil, pero sucede que cuando no conoces a chicas en tu entorno y ves a alguien así te enamoras y no importa si es de internet. 

Me quedé dormido pensando en ella, soñé que hablaba con ella por chat. 
Apenas desperté —ya eran las siete de la noche— vi un mensaje de ella. Le dije que le tenía que decir algo, que no se emocionara tanto porque era banal y sin mucha relevancia, pero luego de cenar. Cené y regresé, estaba ahí impaciente porque me dejó muchos mensajes. 
Le comenté lo que estaba pasando por mi mente todo este tiempo que hablamos y nos conocimos, le debía sentir qué sentía por esa persona que me dio su confianza.

Le dije —copiaré textualmente lo que le dije—:
— Bueno Kathe, tú sabrás que esto es internet y las personas suelen ser muy falsas, no todo el tiempo, no es mi caso, pero de manera generalizada esa impresión da la gente dentro de la red.

Te quería decir que me pareces muy simpática, muy atractiva; y es que no visto chicas como tú; o sea, sí hay chicas hermosas y todo, pero no una que me deje pensando todo el tiempo con miles de expectativas, no hay una que me deje inquieto. Es similar a algo que sucede cuando te gusta alguien imposible, un amor platónico; pero de internet… no sé si sea posible. Hace rato cuando me fui a dormir estaba viendo tus fotografías y me gustó, me gustó despertar y ver tus mensajes; me gusta escribirte y leerte.

Pensarás a lo mejor: «este tipo está loco», pero ya, no estoy, no sé, eso me pasa y no tengo idea. En eso estuve pensando; esas ideas cruzan por mi mente. 

No te estoy pidiendo nada, no quiero atarte, no lo creas. Sólo te digo que me siento atraído por ti, simplemente eso; me inspiras.

Sólo eso era.
Dicho esto, ella me supo responder algo similar y me sorprendí, creí que era el único pendejo. Pero así funcionan las cosas. Me comentó también que temía porque le gusto, y si sigue pensando en esto se sentiría mal porque es casi imposible estar juntos.

Me llegué a sentir mal por ella, por nosotros. Yo aún estoy estudiando y ella igual, no quería ni quiero que nos convirtamos en un estorbo. 

No sólo por la belleza me gustaba, sino porque hablamos de casi todo. No lo había logrado con nadie, no en un sólo día. 

Algo me aseguró ella, que siempre estaría pensando en mí, me pidió más fotos y con guste se las pasé. No crean, también le escribí muchas cosas de lo que me hacía sentir, es que estaba inspirado, señores.

Aquí llega la parte más trágica del desenlace de esta historia. Kathe y yo tomamos una decisión. Nos prometimos no olvidarnos… aunque quizá ella me olvide pronto. Y, algo más… también prometimos no volver a tener contacto y dedicarnos a lo nuestro, en principio fue mi idea y justo cuando trataba de arrepentirme ella lo aceptó; lo pensamos bien —o quizá mal— pero ya nos estábamos despidiendo.

Me llené de despecho y estaba casi lagrimeando, nos pusimos melancólicos ambos; ella me dijo que jamás iba  encontrar una chica como ella. Pues tiene razón, siempre la tendrá. Se hacía eternos los minutos en ese chat, era como una arena de combate donde los dos saldríamos muertos.

Se despidió, pero antes le pedí el último favor.
—Dime tu apellido Kathe, si quiero contar nuestra historia no quiero quedar como un mentiroso porque es demasiado increíble.

 

Luego me dijo su apellido. Le prometí no buscarla en Facebook, le di mi palabra y ella sabe que soy serio, y así pasó, se fue; nos dejamos y ahora no veo su perfil y creo que nunca lo haré, sólo quedará en mi memoria. Al menos en el trascurso de las horas que estuvimos conectados sintió todo mi aprecio, ojala leyera esto Kathe. Si tan sólo estuviese conmigo no me separaría nunca de ella. 

Lamentablemente no me queda otra forma de abandonar la felicidad de mi día con este pequeño relato dirigido a nadie.

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