Un dìa normal.

Un día normal.
He despertado como usualmente lo hago, un poco tarde, a los minutos desayuno a destiempo, el reloj marca a las diez de la mañana y ni siquiera he abierto las cortinas. Al parecer me fastidia la luz de un sábado aburrido, porque como es costumbre en mí, estos días se los dejo a la indiferencia de mi personalidad. Estoy desanimado, nunca he sido divertido, lo único emocionante fue acabar la semana y poner seguro a las puertas creyendo que salgo del mundo, no de mi mundo; sino, he escapado de allá afuera, donde mi presencia es demasiado inúti; aquí, en mi morada me siento cómodo.
Me he detenido a observar todos los cables conectados y las pequeñas luces de los aparatos dándole vida a mi pequeño espacio y tiempo.
Me acomodo en el sofá, donde planeo cosas que jamás realizaré y medito un poco: pronto recuerdo que al salir del trabajo compré cigarrillos y he ido en búsqueda de ellos; no recordaba de qué color era el saco que me había puesto, deduje que el que tenía más perfume, por lo tanto, metí la mano en el bolsillo de un saco negro arrugado que estaba tirando en el suelo y saqué cinco cigarros medios doblados y débiles, se habían ultrajado demasiado; pero para mí eso no es importante, fui por fósforos entonces y tan rápido como pude di un pequeño salto de regreso al sofá para empezar a formar la nube de humo que sería mi fuente alucinógena. Me aseguré de que las ventanas permanecieran cerradas, el vidrio había creado una especie de paisaje abstracto en mi ventanal ya que la lluvia de anoche venía con viento y ha salpicado bastante.
El humo recorre mi pecho y brota de mis pulmones, antes de escupirlo hago gárgaras de deseos estúpidos, de desamores y cosas absurdas que no planeo dar solución, luego absorbo una vez más la esencia de la nicotina y alquitrán. Siento desvarear porque almuerzo no habrá, estoy comiendo tiempo y sensaciones que nada tienen que ver con mejoras al metabolismo. Me siento cansado, más de lo acostumbrado, estoy perplejo y no termino de entender lo que me rodea, un desorden de emociones se antepone a mi voluntad. Las cenizas caen en mi pecho y no me importa. En la ranura de los cojines encuentro papel alumino de una cajetilla del mes pasado que me serviría tranquilamente como cenicero improvisado para evitar ensuciarme más, aunque a decir verdad me tiene sin cuidado…
Este es el desgaste emocional más agradable, el desprecio por el mundo y automatarme me hacen sonreír.
¿Qué importa que sepa de filosofía, historia y arte? Hago arte con anillos de humo, poesía dentro de mi mente mientras platico filosofía conmigo mismo haciendo mi historia una inmundicia.
No podría estar más relajado, el sistema nos quiere así, incompetentes con mentes llenas de ideas indecentes. Cada día de la semana es una tortura, la rutina no permite que tenga tiempo para renegarme de la vida, y ahora es la forma más simple de aceptar los hechos como realidad absoluta y no me importa que todo esté mal, porque yo estoy mal, sabiendo que todos están mal prefiero hacerme más mal, porque nunca nada va a cambiar.
La televisión no dice nada, veo diminutas las luces por un efecto que desconozco.
Me mantengo con los ojos semi abiertos mientras espero el amanecer en mi acolchonado diván porque los sábados no duermo; el domingo lo hago todo el día.

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