El malo

Tengo espasmos en mi mente, una voz o un gruñido no me deja dormir, cada noche al acostarme alguien me molesta, siento el tarareo de una melodía lúgubre en mi interior.
Me siento frustrado y no hallo forma de evadir la soledad, jamás me había odiado tanto, porque esto es mío, o es lo que creo. Es que, ¿quién más podría hacerme daño?
Echo de menos mi locura momentánea, ha sido suavizante de la realidad porque me he tomado las cosas vehemente y así han sido más placenteras, cuando la usaba como instrumento, claro. Pero ahora qué tipo de locura es ésta, qué está tomando el control de mí, de mi voluntad. Hemos llegado lejos y pienso que la sucesión de gritos que parecen sinfonías del mismísimo infierno me dejarán sin respirar y no he de apreciar las demás fatalidades de la vida que últimamente me parecían agridulces, como un caramelo de cianuro derritiéndose en mis fríos labios, siendo enemigo de mí mismo.
Cuando el espectro que habita dentro de mí se apodere de todo lo que poseo será el mundo un lugar donde dejé mi huella pero ha de llegar una marca más poderosa que aplaste por completo los caminos de la libertad individual y las moralidades de la que están infestados todos.
Ha de llegar el día en la que la caracha de la religión y todos los valores existentes quede tirada en el suelo, seca y carcomida por el pasar de los años de malevolencia, será entonces donde el renacer será una sonrisa torcida en cada ser. ¿Cómo me luce a mí?

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