Bienvenido, mortal.

Me camuflo entre el frío y la maleza de éste bosque inanimado.
Al igual que todos los días, espero quien se deleite con la basura que yo llamo hogar.
Al parecer, se acerca alguien intranquilo pero alegre, -soy paciente-. Me apodero de sus miedos y revisto su felicidad con mi retórica.
Mis colmillos están enterrados uniformemente, habrás caído en el pensamiento de quien te escribe.

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